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domingo, 1 de septiembre de 2019

El Silbador: obra de teatro

"La navegación del loco es, a la vez, distribución rigurosa y tránsito absoluto... No hace más que desplegar, a lo largo de una geografía mitad real y mitad imaginaria, la situación liminar del loco en el horizonte del cuidado del hombre medieval, situación simbolizada y realizada en el privilegio que se otorga al loco de estar encerrado en las puertas de la ciudad... Si no puede ni debe tener como prisión más que el mismo umbral, se le retiene en los lugares de paso... Encerrado en el navío del que no puede escapar, el loco es entregado al río de mil brazos, al mar de mil caminos... Está prisionero en medio de la más libre y abierta de las rutas, encadenado a la encrucijada infinita... Prisionero del viaje." Michel Foucault, Stultifera Navis, Historia de la Locura.

Será que hay un nuevo género bizarro: el hiperteatro? Todo es escena y en la escena no hay matices ni diferencias ni transiciones: actores-tramoyistas-personajes- público-música, todo mezclado. Se podrían poner las sillas bajo la luz.  El público separado es una convención más de la enorme convención que alimenta la escena.
El hiperteatro envuelve todo, lo hace uno. El pasado, el recuerdo, permanece como una rémora, un lastre que no termina de disolverse. Los vectores estéticos son radiales, impulsados en direcciones opuestas pero terminan regresando, convergiendo en la escena final, dándole la razón al Marqués de Sade y a los medievales y su pasión por la Narrenschiff, la Nef des Fous, la nave de los locos. Lo que ocurre en la nave, en la escena y en la platea tiene su nombre: nihilismo ¿posmodermo? Todo lo que he aprendido, intentado aprender, pacientemente, laboriosamente, a lo largo de más de veinticinco años el hiperteatro me lo manda a guardarlo ahí. "El público es el mejor y único crítico" escuché. ¡Por supuesto! ¡El veredicto popular es incuestionable! La Nave de los Locos nos contiene a todos. Nuestro, mi futuro, contenido en el inapelable veredicto popular. Debería haber ido a saludar yo también, y todos los espectadores, junto con los actores-tramoyistas-personajes: al haber estado ahí el hiperteatro me anuló en un nuevo colectivo donde reina una nueva convención de la que no se puede escapar. El puente que estaba a la salida, se cayó. Se ve que nadie le hizo mantenimiento. Cosas de un gobierno ineficiente. Ahora bien, para ahorrar sufrimientos aconsejo, solo como ejemplo, cosas a tener en cuenta para no tener en cuenta en esta Nave de la locura hiperteatral: 
  • La acción ocurre en Gran Bretaña, en entreguerra, pero el Inspector usa una birome, y moderna.
  • Hay fuego encendido en escena, pero el Inspector toma café caliente en una taza vacía.
  • El Inspector toma nota todo el tiempo en su libreta, pero la deja por ahí, a mano de cualquiera.
  • Los personajes corren la escenografía cuando salen de una escena. En escena no son capaces de hacerlo: no pueden acomodar una silla.
  • Los años pasan pero los vestuarios son iguales, en años no se cambiaron.
  • La música solo entra en las salidas y sale en las entradas, y siempre la misma música.
  • Las entradas y las salidas son iguales y al mismo ritmo: los pasos chiquitos o rengueantes de los personajes, que son ancianos, rengos, discapacitados motores y mentales.
  • Se consume el ¿50%? del tiempo escénico en estos movimientos, acomodamientos, entradas, salidas.
  • El monstruo asesino solo ataca a los que están despiertos.
  • El saludo final es escena final, todos juntos, en personaje, vivos, muertos, rengos, mudos, bobos, locos.
"Sobre gustos no hay nada escrito". Solo hay que animarse a escribirlo y hacerlo. 

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